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María y el Caracol

(para Bixi)

 

María salía por las noches para conversar con su amiga. Aunque más que conversar, María la escuchaba mientras ella le contaba cosas del pasado, cosas del presente, cosas del futuro. Su amiga sabía tanto!
-Es una de las ventajas de ser eterna; desde tu punto de vista, claro -Se burlaba un poco de María mientras la miraba con dulzura. Pero María no rechistaba y solo podía mirarla embobada. Era tan bonita, era tan perfecta.

María encontró a su amiga en una de las muchas noches en que salía de expedición por los campos que rodeaban la casa. Esa noche, María estaba en cuclillas mirando como un caracol cruzaba el camino. Pensaba en lo valiente que era el caracol y lo esforzado que se le veia arrastrando su casita. Le daban ganas de cojerlo y dejarlo al otro lado.

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Cuento Corto de Miguel

 


Miguel era un niño un tanto extraño. O al menos eso pensaban los demás niños, y así le miraban cuando, sin mucho sentido, corría entre los tablones de madera que delimitaban el arenal, y con los que más de una vez chocaba, caía de culo y

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Cuento Corto de Linus

A Linus le gustaba tocar la guitarra en su habitación.

 

Linus –en el colegio- estudiaba matemáticas, física y narración;
aprendía lengua, geografía y natación;
química, gramática y acordeón,
pero no aprendía guitarra;
así que Linus la tocaba en su habitación.

En su séptimo cumpleaños su padre le regaló un libro de guitarra: “armonía y composición”.
Tal vez un libro demasiado complicado para un niño que acababa de cumplir siete años,
pero a Linus le encantaba cualquier cosa que se relacionase con su guitarra
y en su habitación poder tocarla;

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Sarina la princesita pedorreta.


Sarina se sentaba en un trono de caoba forrado con trozos de satén,
con remates de oro y un reposapiés de oropel.

Cada día, justo después de la comida,
- justo después del café -,
se reunía con todos sus súbditos
en la sala del trono de caoba
rematado en oro, de oropel el reposapiés.

Y así, uno a uno Sarina escuchaba a todos sus súbditos;
los unos con problemas,
los otros tan sólo compartiendo su quehacer.

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Princesa y Dragón

(para Bixi)
Esta es la historia de una princesa y un dragón
que vivían en un castillo rodeados por el sol.
La princesa disponía de vestido de raso,
y el dragón con caballeros lidiaba todo el rato.
Desde pequeños a princesa y dragón los reyes juntos criaron.
La reina contraria, el rey encantado.
La reina proclamaba que de damas no era propio,
el rey replicaba que qué mejor guardián para su trono.
Más rey y reina no preveyeron a qué pueden jugar,
una princesa traviesa y un dragón nada viejo.
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Miguel versionado por PYM

Miguel es un niño un tanto extraño. O al menos eso piensan los demás niños cuando le ven correr sin sentido entre los tablones de madera que delimitan el arenal. Y es que más de una vez Miguel choca y cae de culo para, segundos después un tanto desconcertado, sacudir la cabeza de un lado para otro intentando comprender que es lo que ha pasado, levantarse y volver a correr de un lado para otro, aparentemente descontrolado.

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Carola

 

Carola tenía todo el tiempo del mundo. Y además, si algo caracterizaba a Carola, era la constancia y la paciencia.

En los años 20 de su calendario gregoriano, los hombres habían construido el espigón, sin tan siquiera preguntar.

No importaba; para Carola no sería más que un suspiro.

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Carola versionado por PYM

Carola tiene todo el tiempo del mundo. Y además, si algo le caracteriza, es la constancia y la paciencia.

En los años 20 de su calendario gregoriano, los hombres construyeron el espigón, sin ni siquiera pedirle permiso.

No le importó, para Carola no sería más que un suspiro.

Ninguna civilización había aprendido lo suficiente como para evitar los estragos que Carola conseguía provocar en todos y cada uno de los espigones, puertos, muelles, rompeolas y terraplenes que los hombres no cesaban de construir para alterar el flujo natural de la naturaleza en provecho propio.

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Isabel y Martina

Isabel y Martina nacieron hace justo ahora 3 años, 6 minutos y 25 segundos.
Isabel y Martina eran mucho más que gemelas; eran hermanas siamesas: dos cabezas perfectas unidas a un solo cuerpo perfecto.

Dada la imposibilidad lógica de cualquier tipo de intervención quirúrgica para intentar separarlas, la evidencia que Isabel y Martina serían hermanas inseparables para el resto de sus vidas en seguida se hizo patente y casi sin darse nadie cuenta algo natural, sólo sorprendente para aquellos que conocían por primera vez a Isabel, a Martina o a ambas a la vez.

Isabel y Martina eran idénticas, algo en parte lógico, pues compartían su ADN como cualquiera comparte en su cabeza sus dos orejas: inevitable. Y lo que más sorprendía ante aquel curioso capricho de la naturaleza era su belleza. Isabel y Martina eran realmente hermosas; de pelo negro azabache y ojos color miel que te hipnotizaban tan solo con mirarlos, amén de sus narices perfectas así como sus bocas que incitaban ineludiblemente a ser besadas. Fue además un cruel capricho de la naturaleza poner dos cabezas tan bonitas sobre un solo cuerpo igualmente tan perfecto. (…) @2005
Creative Commons License Isabel y Martina by Daniel Fuentes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

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Cuento Corto de Martina

Martina conocía la ciudad desde que era muy pequeña.

Siempre había tenido una curiosidad innata de exploradora que la llevaba a querer saber que es lo que había detrás de aquella puerta que la abuela mantenía permanentemente cerrada o de aquel muro sempiterno que invariablemente la saludaba cuando iba al colegio: –Hola, buenos días –parecía que le decía el muro todas las mañanas mientras Martina lo miraba de reojo desconfiada.

Martina acostumbraba a jugar sola en el parque, tenía un pequeño mundo particular en su cabeza que le era muy difícil compartir. Cómo podían entender a una niña que se podía pasar horas siguiendo a una hormiga? Martina la seguía fascinada. –Qué gran exploradora –se decía a si misma.

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Teresa la terrorista

Teresa tenía cuatro años y medio, estaba en esa edad en que no se acababa de relacionar ni con los niños de poco más de cuatro ni con los de poco menos de cinco; una situación complicada, y un sentimiento que, su tío Alberto -psiquiatra en funciones de la familia-, le diagnosticó cómo una leve trastorno de vacío social, totalmente transitorio y que se solucionaría por si solo en un periodo de nunca más de seis meses.

Y a los seis meses exactos el problema se solucionó, bueno, casi. Teresa volvió a jugar con los niños de cinco años. Pero esos seis meses de leve trastorno de vacío social la marcarían de por vida. A partir de entonces Teresa seria conocida como: Teresa la terrorista.

Su acto de bautismo, el que inició su carrera de innombrables actos, fue en la boda de su tía Macarena. Teresa, sentada en un banco de la iglesia, justo antes de la ceremonia, junto a sus padres y a sus tíos abuelos, aburrida y sin poder jugar con los niños de poco más de cuatro años ni con los de poco menos de cinco debido a su leve trastorno, se escapo a hurtadillas de la vigilancia de su familia y salió de la iglesia.

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